Dormir con el gato aumenta las probabilidades de este contacto. Durante la noche, mientras nos movemos, el gato puede arañar sin querer, o incluso lamer alguna zona sin que lo notemos. Además, las pulgas pueden trasladarse de su pelaje a las sábanas o al cuerpo humano, especialmente si no se tiene un control regular de parásitos.
Los primeros síntomas
Uno de los aspectos más complicados de esta enfermedad es que puede pasar desapercibida durante varios días. Los primeros síntomas suelen ser leves y confusos: un poco de fiebre, malestar general, cansancio, y en algunos casos, inflamación de los ganglios linfáticos, especialmente cerca del área afectada por la mordida o el rasguño. A veces aparece una pequeña lesión o protuberancia en la piel, parecida a una picadura de mosquito, que muchos ignoran.
Sin embargo, cuando la bacteria avanza o el sistema inmunológico está debilitado, los síntomas pueden volverse más graves: fiebre persistente, dolor de cabeza intenso, pérdida de apetito, e incluso inflamación del hígado o del bazo. En casos más raros, puede afectar los ojos o el sistema nervioso, generando complicaciones importantes.
No todo el mundo reacciona igual
La mayoría de las personas con un sistema inmunitario fuerte pueden superar la infección con tratamiento médico adecuado. Pero quienes tienen defensas bajas —como ancianos, niños pequeños o personas con enfermedades crónicas— pueden sufrir consecuencias más serias. Por eso, aunque amar y cuidar a los gatos es maravilloso, es importante hacerlo con precaución y responsabilidad.
¿Cómo prevenir el contagio?
La prevención comienza con los cuidados básicos del gato. Mantenerlo libre de pulgas es fundamental, ya que estas son el principal vector de la bacteria. Se recomienda usar antipulgas mensualmente, mantener su cama y juguetes limpios, y llevarlo regularmente al veterinario para chequeos. También es esencial mantener sus uñas cortas y evitar juegos bruscos que puedan terminar en arañazos.
Si decides dormir con tu gato, asegúrate de que esté bien aseado, desparasitado y libre de heridas. Cambia la ropa de cama con frecuencia y lava tus manos antes y después de acariciarlo. En caso de que te arañe o muerda, limpia la zona inmediatamente con agua y jabón, y desinfecta con alcohol o un antiséptico. Si la herida se inflama o notas síntomas extraños en los días siguientes, acude al médico.