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Y de repente, lo entendí.
Ron nunca había invitado a veintidós parientes a celebrar el cumpleaños de Grace.
No me había elegido como objetivo porque yo fuera difícil.
O vulnerable.
O recién parida.
Él sabía perfectamente quién era yo desde el día en que Caleb nos presentó.
La fiesta.
Los documentos de tutela.
El intento de presentarme como inestable.
En realidad, nunca se trató de llevarse a Grace.
No del todo.
Fue venganza.
Treinta y cuatro años tarde.
Contra mi madre.
Y Ron había esperado pacientemente hasta que yo tuviera algo lo suficientemente valioso como para perderlo.
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