Durante décadas, muchas personas han evitado las pruebas de detección del cáncer colorrectal por una razón muy concreta: temen la colonoscopia, la preparación intestinal, la sedación o la introducción de un tubo flexible en el colon. La buena noticia es que las opciones están cambiando. Hoy existen pruebas de heces, colonografía por tomografía y, más recientemente, análisis de sangre capaces de buscar señales asociadas con el cáncer colorrectal sin introducir un endoscopio en el intestino.
Pero hay que corregir una idea que puede prestarse a confusión: la colonoscopia tradicional no ha dejado de ser invasiva ni ha sido reemplazada. Lo nuevo es que algunas personas de riesgo promedio pueden tener alternativas menos invasivas para la detección inicial. Si una de esas pruebas resulta positiva, sigue siendo necesaria una colonoscopia para examinar directamente el colon y, cuando corresponda, tomar biopsias o retirar pólipos.
EL CAMBIO QUE MÁS ESTÁ LLAMANDO LA ATENCIÓN: DETECTAR SEÑALES DEL CÁNCER CON UNA MUESTRA DE SANGRE
Una de las novedades más comentadas es Shield, una prueba sanguínea aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en julio de 2024 para la detección del cáncer colorrectal en personas de 45 años o más con riesgo promedio.
En lugar de introducir una cámara en el colon, el profesional obtiene varias muestras de sangre.
En el laboratorio se busca ADN liberado a la sangre que presenta determinadas alteraciones asociadas con el cáncer, entre ellas cambios genéticos y patrones relacionados con metilación y fragmentación del ADN.