ADN circulante.
Proteínas.
Patrones epigenéticos.
ARN.
Y combinaciones de diferentes biomarcadores.
La gran meta es conseguir pruebas cada vez más fáciles de realizar sin perder capacidad para detectar enfermedad temprana y lesiones precancerosas.
Pero cuanto más sencilla sea una prueba, más importante será comprobar rigurosamente que no está dando una falsa sensación de seguridad.
Por eso las recomendaciones médicas evolucionarán a medida que aparezcan nuevos datos.
CONCLUSIÓN
Estamos entrando en una etapa nueva de la detección del cáncer colorrectal.
Hoy es posible realizar pruebas de sangre capaces de buscar señales moleculares relacionadas con el cáncer sin necesidad de introducir un endoscopio en el colon, y la American Cancer Society ya las incluye entre las opciones de cribado para personas de riesgo promedio.
Pero el titular “la colonoscopia ya no será invasiva” necesita una corrección:
la colonoscopia convencional continúa siendo un procedimiento invasivo y sigue teniendo un papel fundamental.
Lo que ha cambiado es que ya no es la única manera de comenzar la detección.
Disponemos de pruebas de heces.
Colonografía por tomografía.
Nuevos análisis de sangre.
Y tecnologías como la cápsula endoscópica continúan investigándose.
La gran ventaja de la colonoscopia sigue siendo algo que las demás no pueden hacer: si encuentra un pólipo, puede permitir retirarlo durante el mismo procedimiento.
Por eso, si una prueba no invasiva resulta positiva, generalmente el siguiente paso continúa siendo una colonoscopia.
La verdadera revolución, entonces, no consiste en decir:
“Nunca más necesitarás una colonoscopia.”
Consiste en poder decir:
“Si el miedo a la colonoscopia ha hecho que lleves años sin revisarte, hoy existen más alternativas para comenzar.”
Y eso puede ser mucho más importante de lo que parece.
Porque cuando hablamos de cáncer colorrectal, la mejor prueba no es necesariamente la que parece más moderna.
Es aquella que resulta apropiada para tu riesgo y que realmente te realizas a tiempo.