Uno de los conceptos centrales asociados con Confucio es ren, una palabra difícil de traducir perfectamente, pero relacionada con humanidad, benevolencia, bondad y consideración hacia los demás.
Puede parecer una idea demasiado sencilla.
“Sé bueno.”
Pero en la práctica es mucho más exigente.
Porque ser humano con los demás implica aprender a salir, aunque sea durante unos minutos, de nuestro propio punto de vista.
La persona que tarda demasiado delante de nosotros en una fila quizá no intenta molestarnos.
El hijo que no llamó durante tres días puede estar completamente agotado.
El vecino que habla demasiado quizá pasa la mayor parte del día solo.
La mujer que atiende en una tienda puede estar atravesando un problema que nosotros desconocemos.
Con los años podríamos volvernos más comprensivos.
Pero también puede suceder lo contrario.
Hay personas que acumulan decepciones y terminan diciendo:
—Yo ya conozco a la gente.
—Todo el mundo busca aprovecharse.
—No confío en nadie.
Es comprensible que la experiencia produzca cautela.
Pero hay una diferencia entre sabiduría y amargura.
La sabiduría dice:
“Observo antes de confiar.”
La amargura dice:
“Nadie merece confianza.”
La sabiduría dice:
“Pongo límites.”
La amargura dice:
“No necesito a nadie.”
La primera protege.
La segunda puede aislar.
Practicar humanidad no significa tolerar abusos.
No significa prestar dinero que no puedes permitirte perder.
No significa mantener relaciones donde te humillan.
Tampoco significa permitir que otras personas decidan por ti.
Puedes ser bondadoso y firme al mismo tiempo.
Puedes decir:
—Te quiero, pero no puedo ayudarte económicamente.
—Te perdono, pero no voy a permitir que vuelva a ocurrir.
—Comprendo que estés enfadado, pero no aceptaré insultos.
La bondad sin límites puede convertirse en agotamiento.
Los límites sin bondad pueden convertirse en dureza.
La madurez consiste muchas veces en encontrar el punto medio.
También existe otra parte de este principio:
hacer pequeñas cosas útiles mientras todavía podemos.
No necesitas salvar el mundo.
Llamar a una persona que vive sola.
Preparar algo para un vecino.
Escuchar a un nieto sin mirar el teléfono.
Enseñar a alguien algo que aprendiste durante décadas.
Compartir una receta familiar.
Ayudar sin necesidad de anunciarlo.
Hay una satisfacción diferente en dejar algo bueno detrás.
Con el tiempo, muchas cosas que parecían enormes pierden importancia.
El automóvil.
El título.
El cargo.
Quién tenía razón en una vieja discusión.
Pero las personas suelen recordar algo mucho más sencillo:
Cómo las trataste.
4. APRENDE A ACEPTAR LO QUE CAMBIA SIN RENUNCIAR A QUIEN ERES