“Ni muerta deja de dar problemas”, murmuró mi marido mientras escondía mi celular en el ataúd y su amante sonreía a pocos pasos. Ellos esperaban quedarse con una empresa millonaria después de mi funeral, pero olvidaron algo que yo había firmado un mes antes. Cuando recuperé el sentido, solo pedí papel, mi teléfono y silencio. Horas después, él recibió un mensaje imposible… y todavía faltaba conocer el secreto más grave.
PARTE 1 —No te preocupes, amor. Desde donde estás, ya no puedes acusarme de nada. Héctor Salgado murmuró esas palabras junto al ataúd de su esposa mientras empresarios, empleados y periodistas esperaban su turno para despedirse de ella en un panteón privado de la Ciudad de México. Adriana Montes tenía cuarenta y dos años y ... Read more