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reconfortante.

¿Y si lo convertimos en un juego con amigos?
No hace falta ser un creyente acérrimo para divertirse. Identifica tu tipo de pie, lee las características asociadas, anota lo que te resuene y, sobre todo, compáralo con tus seres queridos. Te sorprenderá lo acertadas que pueden ser algunas descripciones. La ciencia no valida nada de esto, y no pasa nada: la personalidad es demasiado rica como para limitarse a la forma de un dedo del pie. Pero a veces, un poco de diversión desenfadada es todo lo que se necesita para ver a los demás —y a ti mismo— con otros ojos.
Redescubrirse a uno mismo, incluso a través de los pies, siempre sienta bien.