Cuando encontraron la mochila de mi hijo junto al muelle, pensé que mi vida había terminado. Lucas tenía quince años y había desaparecido durante una excursión escolar a un lago de montaña. Su chaqueta estaba sobre una banca, uno de sus zapatos apareció cerca del agua y nadie recordaba haberlo visto después de las cinco de la tarde. Durante dieciocho días, buzos, policías, voluntarios y vecinos buscaron en el lago mientras yo permanecía junto a la orilla esperando que alguien dijera algo que no quería escuchar.
Entonces, una tarde, su profesora de Lengua llegó a mi casa llorando y sosteniendo un sobre arrugado. Lo había encontrado dentro de un libro que Lucas dejó en el salón antes de la excursión. En la parte delantera estaba escrito: “Para mamá. Solo si algo sale mal.” Abrí la carta con las manos temblando. La primera frase me obligó a sentarme: “Mamá, si están buscando mi cuerpo en el lago, están buscando en el lugar equivocado. Yo no pienso entrar al agua.”
Mi nombre es Elena.
Lucas era mi único hijo.
Su padre, Marcos, y yo nos habíamos separado cuando él tenía siete años.
Durante algún tiempo intentamos mantener una relación civilizada, pero terminó siendo imposible. Marcos tenía un carácter difícil, tomaba decisiones impulsivas y desaparecía durante semanas cuando las cosas no salían como quería. Después de varias discusiones relacionadas con dinero, horarios y responsabilidades, nuestra relación se rompió por completo.
No voy a decir que fuera un monstruo.
Lucas lo quería.
Y eso complicaba todo.
Marcos podía ser cariñoso durante dos días y desaparecer durante un mes. Prometía cumpleaños y no llegaba. Juraba que cambiaría. Después ocurría otra cosa.
Cuando Lucas tenía once años, Marcos se marchó del país.
O eso creíamos.
Envió algunos mensajes al principio.
Después cada vez menos.
Hasta que prácticamente desapareció de nuestras vidas.
Yo nunca impedí a Lucas hablar de él.
Pero tampoco ocultaba mi enojo.
Una vez mi hijo me preguntó:
—¿Papá es una mala persona?
Le respondí:
—Tu padre ha tomado malas decisiones.
—Eso no responde.
—Es la única respuesta que puedo darte.
Ahora sé que para un niño esa ambigüedad puede convertirse en una pregunta que crece durante años.
EL DÍA DEL LAGO