Antes de utilizar cualquier producto llamado cardo santo, busca en la etiqueta:
Nombre científico.
Para el cardo santo tratado en la monografía europea debe indicar:
Cnicus benedictus L.
También puede aparecer algún sinónimo botánico relacionado.
Si el producto indica:
Argemone mexicana
no lo trates como si fuera la misma planta.
Y si se trata de una planta silvestre sin identificación fiable, no prepares una infusión únicamente basándote en el nombre que alguien le dio.
Este consejo parece exageradamente cuidadoso.
No lo es.
Precisamente los nombres populares son una de las mayores fuentes de confusión en plantas medicinales.
CONCLUSIÓN
El cardo santo tiene una larga historia dentro de la medicina tradicional, pero entenderlo correctamente requiere algo más que conocer su nombre popular.
El cardo santo medicinal europeo, Cnicus benedictus, cuenta con reconocimiento de uso tradicional para dos situaciones principalmente:
Pérdida temporal del apetito.
Alivio de algunas molestias digestivas leves, como dispepsia y espasmos gastrointestinales leves.
Eso no significa que cure enfermedades digestivas, hepáticas, cáncer o cualquier otro problema serio.
Tampoco está demostrado que aumente eficazmente la producción de leche materna, a pesar de que aparezca en productos comercializados con esa finalidad.
Y existe una advertencia especialmente importante para Latinoamérica y el Caribe:
“Cardo santo” también puede referirse a Argemone mexicana, una planta potencialmente tóxica. Su aceite y semillas contienen sanguinarina y otros alcaloides asociados con intoxicaciones graves.
Por eso, antes de preguntarte:
“¿Para qué sirve el cardo santo?”
haz una pregunta todavía más importante:
“¿Cuál cardo santo tengo delante?”
Comprueba el nombre científico.
No uses una planta silvestre que no hayas identificado correctamente.
No sustituyas un tratamiento médico por una infusión.
Y si tienes síntomas persistentes, embarazo, lactancia, alergias o utilizas medicamentos, consulta antes de tomar preparados medicinales.
Las plantas pueden contener sustancias útiles.
También pueden contener sustancias capaces de hacernos daño.
Y en el caso del cardo santo, conocer exactamente la especie puede ser más importante que cualquier supuesto beneficio.